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Ampliar los recursos [*]
por LAURE NAVEAU
 
 

El psicoanálisis, dice Lacan en 1967, en su conferencia titulada « Lugar, origen y fin de me enseñanza », será cada vez mas util de preservar, en medio del movimiento cada vez más acalerado en el que entra nuestro mundo » (Mon enseignement, Navarin Seuil 2005)

Hoy en dia, tenemos que responderde esta utilitad de preservar el psicoanalisis.
Me gustaría mostrar como la iluminación que Lacan da en su última enseñanza, respecto al nudo boromeo, no solo define de nuevo la estructura según tres registros distintos, sino que implica consecuencias sobre la utilitad privada del síntoma, por medio de su porvenir, y en consecuencia, sobre el fín del análisis y el pase.
Podemos decir que los tres registros, lo real, lo simbolico, y lo imaginario, anudados con el síntoma, lo convierten en utilizable para el sujeto, y así, el nudo define un nuevo vínculo, que va de lo privado a lo social. De manera que, por este efecto de apertura, el psicoanálisis se encuentra justificado para adquirir un estatuto de utilitad publica en la civilización .
« Diga lo que sabe del diván ».
A partir de esta frase, enunciada en un sueño reciente, por el que había sido mi analista, encontró una  resonancia en mí la cuestión del saber, del que resulta del análisis, o sea, el saber del psicoanalista.
Nos recordamos que Jacques Lacan dijo en su Nota italiana que « el saber que esta en juego (en el psiconanálisis) es que no hay relación sexual, (quiere decir), que se pueda ponerse con escrito. »(Cuadernos andaluces de psicoanalisis n°6, 1991, ed Anel)
Asi, diré que en su última enseñanza, descubrimos, ya no lo que no hay, sino lo que hay : hay el objeto (a), y hay el nudo.
Me gustaría mostrar que, tanto el pase como el nudo boromeo, inventados por Lacan para que los psicoanalistas se orienten en la estructura, tienen la función de ampliar los recursos de la experiencia analitica. Ampliarlos, hasta llegar a la dimensión de utilitad pública del psicoanálisis, a través del paso de lo privado a lo público, que defendemos hoy como una necesidad.
El psicoanálisis lacaniano es un psicoanalisis orientado por el pase, único dispositivo concebido por Lacan para nombrar a los analistas juzgados aptos, al fin de su analisis, para el acto analítico.
J.-A. Miller mencionaba en su curso (El lugar y el lazo) que, sin el pase al horizonte, el psicoanálisis se queda como un psicoanálisis aplicado a la terapeutica.
Definición que podría convenirle en la época en la que estamos, porque tenemos que ser aptos al acto terapeutico tambien…
Sin embargo, sabemos que para que un análisis se inicie, y para que se pueda concluir, hace falta un analizante decidido. Pero también, hace falta un analista, por un lado capaz de interpretar — en el sentido lacaniano del término, o sea el de sustraer el sentido —, por otro, un analista capaz de soportar la posición del sujeto supuesto saber, sin que por ello, se lo crea, o sea, que tenga con el semblante del objeto, una relación electiva, resultado de su propia experiencia. Y en fin, hace falta un analista capaz de encarnar, en un posición de « vivo », el partenaire-síntoma del analizante. Bajo estas condiciones, la suma de los dichos del analizante anudados al vaciado de sentido que se opera al final del análisis, cuando cae el goce del todo-sentido, pueden tener la suerte de ordenarse en esta nueva estructura del discurso que es el pase.
De esto, puede resultar una nueva relación al saber, « saber ser un desecho » escribía Lacan a los italianos, o sea, saber hacerse con del objeto a, al cual se reduce el analisante que ha pasado al analista.
Para mí, el pase fue un resultado de este orden. Fue una nueva relación al saber como resultado de una operación, al final de la cual, la parte tomada por el goce al valor de verdad primera del síntoma, se aislo.
Pues aislar y medir el peso del objeto que pesaba sobre el significante en mi caso, ha producido, en la sorpresa, este alivio del que ya testimonié. Lacan decía del analizante que pasa al analista, « que sepa lo que de él ocurre, venido al ser del saber, y que se borre ».
Podemos decir que el testimonio del AE se destaca por un más allá del desciframiento inconsciente, y se apoya sobre un resto. Y “este resto es el que constituye vuestra valor”, decía J.A. Miller hace un año, en su curso sobre Le sinthome (1ero dicembre 2004).
Asi, quisiera subrayar hoy el hecho de que el espíritu del pase se encuentra intimamente ligado al espíritu de los nudos. Por eso, tienen los dos una flexibilidad.
Tanto uno como otro proceden de una re-invención necesaria del psicoanálisis. El vínculo del que se trata tiene que ver con esta nueva función llamada por Lacan « función de anudamiento ». Por lo que respecta al pase, esta función misma deriva de una operación de separacion y de reducción efectuada por la lengua sobre el lenguaje, es decir de una operación de palabra que tiene una lógica
Pues, al fin del análisis, el analizante que ha pasado al analista solo habita la lengua en tanto que la atraviesa y que la deja atrás, aboliendo en ella el sentido común. Entonces, puede usarlo de nuevo en su vida, y este nuevo uso se aparenta con la diferencia absoluta. Esta diferencia, la evoca Lacan al final de su seminario sobre Los cuatros conceptos fundamentales des psicoanálisis. Ella concierne el deseo del analista. Lo cito : « El deseo del analista no es un deseo puro, es un deseo de obtener la diferencia absoluta (…) »
Seguramente, este absoluto de la diferencia tiene un alcanze ético, ya que autoriza al sujeto a apropiarse del significante que hizo huella en su cuerpo, aislando en esta apropriacion el objeto en causa en lo que determinó su existencia. Es con esta autorizacion que puede ser analista.
Por lo contrario, la ideología actual de estas técnicas auto-promovidas, las TCC, esta al opuesto de dicha posición analítica. Esta es solo una retórica, fundada en una voluntad de dominio, que consuena con una empresa de purificación. En efecto, la intención, según ésto, es de obtener un sujeto puro, depurado de la falla en el ser, sea, del deseo, es decir, un sujeto sin ningun deseo. En esto, el beneficio del síntoma, aunque aislado por Freud, y su resolución en « sinthome » creationisto, propuesta por Lacan, desaparecen en provecho de un simple disfuncionamiento que basta con suprimir. Oscura resonancia! Se trata, me parece, de una empresa de destrucción del síntoma, que confina con la destrucción de la singularidad del sujeto en tanto que « parlêtre », en tanto que ser hablante, y, al horizonte, tiene como punto de mira essencial la destrucción del psicoanálisis mismo. Eso puede ser una ideologia del siglo veinte uno, para abolir las huellas del siglo veinte, en las que se pone la invencion del psicoanalisis.

Huellas del testimonio
Hace un año, en Bilbao, intenté transmitir como, al fin de mi análisis, el cofrecito vacío de un sueño había revelado, après-coup, a la analizante, un valor inédito del goce de su síntoma. Este síntoma, lo podría decir hoy así : liarse los pies con la letra de los decires oídos, hasta convertirse repetidamente en su vida adolescente, en un cuerpo yacente o sea, en una contadora tumbada. Este se invirtió al fin del análisis, permitandome concluir mi analisis y comprometerme en el pase. Entonces, había evocado una agenda donde estaria escrito : « tomar a su cargo la urgencia de las cosas que hay que  hacer ».
Durante este largo análisis, las intervenciones, contingentes y políticas — en el sentido de la politica lacaniana, que se apoya sobre las consecuencias — de mi analista, permitiron hacer des-consistir las significaciones que retenían cautiva la analizante que yo había sido. Sen efecto, sus interpretaciones hacían resonar las rarezas de la lengua. La nominación de un síntoma, salido de la adolescencia, que ella había constituído en un « callarse » decidido, se había anudado con la travesía del fantasma construído alrededor de una posición de mujer herida. El conjunto vacío, en un sueño, había aparecido como un operador lógico de separación del sentido, y había funcionado para mí como instrumento de la caída de esta identificación a la mujer herida. Las significaciones estaban vacias de su sentido. Después de ésto, el sujeto, como el gran Otro, podían entonces soportar la barra de lo simbólico, es decir, del languaje y de la castracion, sin por ello estar, sea herido, sea debilizado (que ella queria que el Otro sea tan fuerte y potente) .Al respecto, podrían soportar las consecuencias de la lengua.
Un estilo de vida se dedujo de ésto : hacer resonar de otra manera el eco del decir en el cuerpo se convirtió en un síntoma vivable, y útil para el psicoanálisis.

Ampliar los recursos
En consecuencia, lo que puede  ampliar los recursos del psicoanálisis, aloja en esta nueva relación a la lengua, al conjugarse con un deber de bien-decir, más allá de un sentido que estaría siempre en suspenso.
Pues, si tomamos a nuestro cargo las consecuencias de la lengua sobre lo viviente, hasta llegar a hacerse de él el instrumento, el uso patológico de la lengua se vuelve subvertido.
Otra voz puede hacerse oir, singular y viviente. Y ahí donde el poeta animado de una voz plateada logra hacer sonar la lengua sin razón, ahí corresponde al analizante, convertido en analista, tomar acto de un imposible ético, lo imposible de decirlo todo.
La invencion, por Lacan, del nudo boromeo, como la de la transferencia por Freud, y su valor de Eros introducido en la civilización, proceden de esta dimensión nueva del decir.
Esta dimensión nueva es del orden del limite, « limitación del síntoma », decía Lacan a propósito del uso del nudo boromeo. Pero, la paradoja merece todavía que nos paremos aquí : la introducción del nudo, que hace límite al síntoma, participa de una operación de ampliación de los recursos del psicoanalisis. Lacan ha podido nombrar ésto,  un « saber-hacer con su síntoma » que, anudado a un acto singular, permite occupar el lugar del analista para otros.
Saber servirse de su síntoma, y al horizonte, saber pasarse de su sufrimiento, procede pues, de una limitación fecunda.
Podríamos oponer a lo infinito del síntoma y de su queja, la dignidad de su función lógica, que ya no procede de un desciframiento, sino del ciframiento de un real en tanto que residuo.
A partir de este denso núcleo de goce se vuelve posible hacer uso de él para otros, al re-inventarse a sí-mismo.
En esta ampliacion, el pase es la pieza desatada del largo proceso analítico, desatada de la estructura de la experiencia, de la cual constituye su límite mismo. Un límite encontrado al final de un « bricolage » argumentado. Este es el tesoro del « bricoleur » evocado por J.A. Miller referiendose a Claude Lévi-Strauss.
Pero también es por ello subversión y dialectica de los problemas cruciales encontrados por el psicoanálisis, si no omitimos el reconocer en ello como aisla en el cuerpo del ser hablante esta parte de viviente que se ha vuelto activa.
Por esto, los asaltos políticos, científicos y mediáticos contra el psicoanálisis, aunque busquen rebajar los fundamentos de nuestra disciplina, no conseguirán acabar con esta exigencia. Pues prometer la felicidad, y más allá, la realización de una relación sexual, que no hay, y querer domar el síntoma haciendolo pasar por el molino de técnicas de persuasión y de aprendizaje, esto procede de un rechazo del parte viviente del sujeto y de un engaño. Y este engaño no merma, ni el deseo, ni el goce del cuerpo viviente que hizo sufrir y que se volvió un saber.
Estos asaltos tienen que intrepretarse mas bien, como lo he dicho antes, como signos de una forclusión de la causa, de la falla del deseo y de la castración. Ellos manifiestan la voluntad de negar lo necesario del síntoma a través de técnicas pseudo-científicas que revelan su objetivo : un fantasma de dominación y de mando de un mental así objetivado, rebajado al rango de cosa, y convertido en nuevo gadget de una civilización submergida por el plus-de-goce.
Recordamos aquí el matema de la civilisacion propuesto por Jacques-Alain Miller en su curso  : a > I

Deseo de Escuela y deseo de pase
Re-inventar el psicoanálisis y re-encantar la civilización está a nuestro cargo, uno por uno.
Pero las Escuelas de Lacan heredan hoy esta tarea, la de demostrar la utilitad publica del psicoanálisis, por medio de un esfuerzo de poesía, ético, conjugado al de una exigencia de demostración clínica y epistémica rigurosas.
Por mi parte, considero que esta tarea constituye un pase de las Escuelas de Lacan y del psicoanálisis viviente que defendemos.
Los AE, analistas de la Escuela, también tienen que cumplir un acto político que consiste en asociarse a este accion de despertar y a la lectura del malestar en la civilización. Así como al deber de participar en la publicación de escritos accesibles, abiertos al público, y capaces de contribuir a la elucidación de los problemas cruciales encontrados por el psicoanálisis.
« Ampliar los recursos » para pasarse de la relación sexual que no existe necesita saber servirse del eros de esta relación para inventarla.
Quizás podríamos decir que este eros procede de un saber hacer propio al psicoanálisis con el síntoma de la civilización. Esto, podriamos llamarlo hoy el pase de la escuela y del psicoanalisis mismo, lo cual es congruente con un deseo de Escuela y con un deseo de pase, no collectivizante, sino particular, creationista, y cargado de una posibilidad nueva de vinculo a la utilidad publica en el sentido etico .

ELP, Barcelona, 28 noviembre  2005

 

 
N O T A S
* Texto traducido con la ayuda de Adela Bande Alcantud y de Anna Aromi.
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